domingo, 2 de mayo de 2021

Dentro de pocos momentos,madre, tengo que partir...

                                                           Máquina 501
Dentro de pocos momentos,
madre,tengo que partir,
del tren se escucha el silbato,
ya tengo mi porvenir.

Cuando llegó  a la estación
el tren ya estaba silbando,
y un carro de dinamita
ya se le estaba quemando.

Jesús García le contesta:
yo pienso muy diferente,
yo no quiero ser la causa
de que muera tanta gente.

Le dio vuelta a su vapor
porque era de cuesta arriba,
y antes de llegar al seis
ahí termino su vida.

Desde ese día inolvidable
tú te has ganado la cruz,
tú te has ganado las palmas,
eres un héroe Jesús.

Máquina quinientos uno,
la que corría por Sonora,
por eso los garroteros,
el que no suspira llora.

Jesús García Corona (Hermosillo, Sonora, México, 13 de noviembre de 1881 - 7 de noviembre de 1907), fue un maquinista mexicano recordado por dar su vida para salvar al pueblo de Nacozari, Sonora, por lo que se le conoce como El Héroe de Nacozari.

Recién cumplidos sus 17 años, Jesús solicitó empleo directamente en la oficina del ferrocarril de la compañía minera. Debido a su corta edad, el encargado W.L. York le brindó trabajo como aguador; pero fue promovido rápidamente, y ascendió en poco tiempo al sector de mantenimiento de vías. Trabajó como controlador de frenos y posteriormente como bombero. A la corta edad de 20 años llegó a ser ingeniero de máquinas.

En la primavera de 1904 fue premiado con un viaje con gastos pagados a San Luis, Missouri, Estados Unidos. Con él viajaron los mecánicos Rafael Rocco y Cipriano Montaño; José Vejar, encargado del concentrador; Zacarías Ruiz y Heraclio Ramos, del departamento de almacenes; el electricista Ignacio Montaño; Francisco Ancira, y Manuel Vázquez, del departamento de ventas de la compañía.

Cerca de las 6 de la mañana del 7 de noviembre de 1907, Jesús se dirigió al centro de Nacozari. Su locomotora fue la #2 (erróneamente conocida como #501, debido a una canción popular), construida bajo pedido a la Compañía Porter de Pennsylvania en mayo de 1901, y era un poco menor que las utilizadas normalmente. Después de haber sido engrasada, ya lista para salir, Agustín Barceló e Hipólito Soto, guardafrenos, reportaron que Albert Biel, un alemán de edad madura, se encontraba en el hospital, por lo que Jesús García lo reemplazó y quedó a cargo del tren.

A cargo de la locomotora
Jesús García debía llevar un cargamento de cuatro toneladas de dinamita (utilizadas en la ampliación de la mina), al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones. Era el más poderoso tipo de dinamita, traído por tren desde Oakland a Pilares y Nacozari.

Llegó en la locomotora en pocos minutos a El Seis (a seis millas de Pilares), donde había almacenes y casas de trabajadores que mantenían las vías. Para hacer posible la quema segura de combustible, la locomotora contaba con un contenedor, en donde las chispas eran sofocadas con mallas. Pero en esos días no estaba funcionando, Jesús reportó que algunas brasas vivas estaban escapando del mismo.

Después de una primera vuelta a la mina, la locomotora alcanzó de nuevo El Seis. Con suerte, Jesús debía completar dos corridas más. Un mensajero lo aborda para darle una noticia inesperada: "necesitaban suplementos en la mina y debía dirigirse en el tren al más bajo nivel y hablar con el señor Elizondo".

Durante la operación de carga del tren, Jesús aprovechó para ir a casa. Jesús encontró a su madre alterada la cual le comentó un presentimiento de que no lo volvería a ver.

Jesús dejó 50 de sus góndolas en El Seis y descendió a la mina, en el nivel más bajo, el cargamento había sido completado.

En espera de su locomotora, Jesús descubrió que los trabajadores habían dejado disminuir el fuego, lo cual había ocasionado una pérdida de presión del vapor. Los ingenieros en otro error aún más serio: no colocaron los carros con explosivos al final del cuerpo del tren. En este viaje, los trabajadores colocaron la dinamita en los dos primeros carros, enseguida de la caldera. La disposición de la carga debía ser autorizada por el conductor, pero ese día no había tal autorización.

Al aumentar la presión del vapor, luego, tan lento como fue posible, Jesús dio reversa al vehículo y lo colocó fuera de la mina; el viento del norte empezaba a jugar con los remolinos del humo y del vapor. Librada del freno, la locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, que no había sido arreglado, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones, cargados con cajas de dinamita.

Al principio el fuego fue notificado por la cuadrilla de trabajadores y más adelante por simples transeúntes. Francisco Rendón, frenero encargado de dirigir los rieles a Pilares, y el otro frenero intentaron inútilmente detener con sus ropas el fuego. Jesús le pidió a la cuadrilla que lo acompañaba que se arrojaran del tren e imprimió toda la fuerza a la locomotora. Obedeciendo las órdenes de Jesús, José Romero saltó del tren y rodó hacia la maleza. Milagrosamente había alrededor una loma en donde se refugió.

Jesús y su locomotora subieron a través del escarpado. Necesitaban avanzar otros cincuenta metros para llegar a un terreno plano en donde Jesús pudiera así luchar por su vida pero no lo logró.

De esta manera, al alejarse del pueblo, Jesús García salvó a Nacozari y a sus habitantes de sucumbir ante una explosión tan enorme, ya que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Gran parte del motor fue también lanzado y el cuerpo de Jesús fue alcanzado por las ruedas traseras.

Un estruendo como temblor sacudió Nacozari y la onda de expansión quebró vidrios y sacudió las habitaciones; ésta fue oída a 16 kilómetros de Nacozari.

La carnicería en el kilómetro seis era impresionante. Cuatro obreros fueron muertos y un niño de 15 años fue atravesado por un metal lanzado desde cien metros en donde ocurrió la explosión. Del almacén no quedó nada, 18 de los residentes y demás trabajadores fueron heridos y trasladados en vagones al hospital en Nacozari. En silencio, los sobrevivientes removían los escombros del tren: carros despedazados y cabinas destruidas. El motor estaba encajado en un cráter, lejos de las vías. Jesús fue identificado por sus botas, lo cual fue trabajo de sus hermanos, quienes recogieron los restos y lo llevaron a casa.

En total fueron 13 las personas que murieron, pero sin duda fueron cientos los que salvaron la vida debido al heroísmo mostrado por Jesús, quien alejó el tren lo más posible del pueblo. Al morir Jesús contaba con 25 años.

Fuente: Wikipedia




 

Envoltura de El Centenario


 

viernes, 30 de abril de 2021

La casita


La casita

Felipe Llera y Manuel José Othón


¿Qué de dónde amigo vengo?
De una casita que tengo 
más abajo del trigal.
Una casita chiquita
para una mujer bonita 
que me quiera acompañar.


En el frente hay unas parras
donde cantan las cigarras 
y se hace polvito el sol.
Un portal hay en el frente,
en el jardín una fuente
y en la fuente un caracol.


Yedras la tienen cubierta
y un jazmín hay en la huerta
que las bardas ya cubrió
En el portal una hamaca,
en el corral una vaca
y adentro mi perro y yo.


Bajo un ramo que la tupe,
la Virgen de Guadalupe
está en la sala al entrar;
ella me cuida si duermo,
me vela si estoy enfermo
y me ayuda a cosechar.


Más adentro está la cama,
muy olorosa a retama,
limpiecita como usté.
Tengo también un armario,
un espejo y un canario
que en la feria me merqué.


Pues con todo y que es bonita,
que es muy chula mi casita
siento al verla un no sé qué.
Me he metido en la cabeza
que hay ahí mucha tristeza,
creo que porque falta usté.


Me hace falta ahí una cosa,
muy chiquita y muy graciosa,
más o menos como usté.
Pa´ que le cante el canario,
eche ropa en el armario
y aprenda lo que yo sé.


Si usted quiere la convido
pa´que visite ese nido
que hay abajo del trigal,
le echo la silla al lucero
y él nos llevará ligero
hasta en medio del corral.


Y si en la noche nos coge
y hay tormenta que nos moje
tenga usté confianza en Dios,
que en casa chica y extraña
no nos faltará una maña
pa´vivir allí los dos.


Y si la casa le gusta
y si al año no se asusta,
con la bendición de Dios
para colmo de delicias
repartirá sus caricias
a un chamaco, el perro y yo.

lunes, 19 de abril de 2021

El Centenario, Circa 1952. Informes antiguarmonica@gmail.com


 El Centenario, fue desde 1910, un instrumento que se arraigó con gran fuerza en el gusto popular mexicano hasta el año de 1952 en que fue descontinuado por Hohner. A pesar de todo, durante la siguiente década, todavía fue posible encontrar ejemplares, hubo gran existencia en bodega debido a la alta producción de la fábrica que hizo más de siete millones al año. Nadie se explica por qué, teniendo tan alta demanda, los dueños lo dejaron de fabricar,alguien me dijo que tal vez, debido al vencimiento de los derechos de explotación. La patente era de M.Hohner pero la marca,hecha especialmente para México, no. Además, pienso, había ya pasado de moda este acontecimiento nacional y los productos conmemorativos. Durante la Revolución mexicana y después de ésta, calmado ya el país, el órgano de boca siguió como el inseparable compañero de mucha gente como había sido, antes y después de la lucha armada.

Debo advertir que esta marca ha sido ya FALSIFICADA,  y no sería nada raro encontrar alguna anunciada en cualquier plataforma de venta, casa de música o miscelánea. Los chinos son como Dios, están en todas partes,reproduciendo a muy bajo costo,cualquier marca o producto de prestigio. El centenario no ha sido la excepción. En fecha próxima voy a publicar una foto de la armónica falsa para que no caigan ustedes en la trampa. 

Una de las características de este órgano de boca (término correcto) es su inigualable sonido, la elegante sencillez de la caja,  el dibujo que hace alusión al Grito de Dolores, supuestamente diseñado por por José Guadalupe Posada aunque no hay forma de probarlo. Algo notable en todas las piezas de Hohner es su cuidadoso empaque con un papel especial transparente que detecta cualquier mancha en el metal de las tapas y que una vez desenvuelto, jamás quedará igual su doblez.